Según las normativas de la CE, los huevos se clasifican por calidad, tamaño y forma de crianza. La frescura es un parámetro clave para su calidad, visible en el comportamiento del huevo en agua y la consistencia de su clara y yema. Se pueden conservar desde unos días hasta varios meses, según el método. También existen derivados del huevo como los huevos en polvo o líquidos. A pesar de su alto contenido en colesterol, los estudios indican que no afecta directamente al colesterol sanguíneo. El huevo es un alimento completo, seguro y versátil, siempre que se incluya en el marco de una dieta equilibrada.
Los huevos son un alimento de alto valor nutricional gracias a su equilibrio entre proteínas, lípidos, vitaminas y minerales. Su composición varía entre la cáscara, clara y yema, cada una con propiedades únicas. La clara destaca por sus proteínas coagulantes y espumantes, y la yema por su contenido en fosfolípidos, colesterol y carotenoides. No se recomienda su consumo en crudo debido a antinutrientes como la avidina. Además de su valor nutricional, el huevo tiene importantes usos industriales en cocina y repostería.
Hoy repasaremos otras técnicas como el escalfado, escaldado, hervido, la cocción a presión… todas son técnicas culinarias que utilizamos frecuentemente y que según el objetivo que busquemos con el alimento, será necesaria una u otra.
Los pescados y mariscos son alimentos con alto valor nutricional, ricos en proteínas de alto valor biológico, vitaminas antioxidantes (A, D, E) y minerales esenciales como el yodo. Su bajo contenido en grasa y tejido conectivo los hace fácilmente digeribles. La clasificación por tipo (fresco, congelado, salado, ahumado, desecado) y por contenido lipídico (magros, grasos, semigrasos) es clave en su valoración nutricional y culinaria. Es fundamental prestar atención a la frescura, los potenciales tóxicos naturales o ambientales y el uso de aditivos.




